
Hace mucho tiempo te levantaste en la mañana, y elegiste el lugar perfecto para enterrar los más oscuros y tormentosos recuerdos de tu infancia, pero no imaginaste que al crecer los recuerdos volverían.
Un fantasma te obligaría a volver, a retroceder en el tiempo, al bosque de los miedos y gritos en silencio.
Pero no entendiste como un ángel se convirtió en demonio, en segundos sus alas fueron espinas y sin siquiera preguntarle te abalanzo al pasado.
De pronto te sentiste pequeña, frágil, vulnerable, inmóvil, y no entendías como manos que antes te entregaban cariño ahora te llenaban de dolor, venganza, y no se detenían...
Y deseaste más que nunca gritar, pero no podías, y quisiste detenerlo, pero no podías, y quisiste morir, y no podías.
Y el infierno se hizo eterno, y cuando volvías a tu cuerpo, sentías rabia, sentías tristeza y querías matarlo, pero en esos momentos él era un ángel, tierno y vulnerable.
Entonces te quedabas con tu veneno, y la rabia y el dolor se volvían a tu reflejo.