sábado, 15 de marzo de 2008

A pasado tanto tiempo


En verdad no sé cómo comenzar a expresar mi amor hacia una persona tan hermosa, tan incomparable como tu. No me importa si para ti mis sentimientos no tienen valor alguno y tan sólo sean una niebla de palabras, sólo te pido que tengas algo de misedicordia y comprendas este desesperado intento de contarte mi amor.


Ha pasado más de un año que te conozco, pero tú eras una estrella fugaz que pasaba dejando una estela de deseo y belleza y yo una simple espectadora de aquel fantástico espectáculo, alguien que no podía pasarse del límite; desearte era una utopía.


Ha pasado más de un año que te conozco, que espío a la solitaria flor del desierto crecer entre cactus e hiedras. Tus espinas venenosas protegen a tu corazón de amores no correspondidos. Si alguien llegara a desearlo se vería envuelto en una tempestad de amor, sola, luchando para no caer en el olvido.


Ha pasado más de un año que te conozco y más de una noche he soñado contigo. Tristes son mis pesadillas, en las cuales muero ahogada en el mar de la angustia al tratar de cruzar el laberinto del amor.


Ha pasado tanto tiempo, he acumulado tanto miedo. Pero tú sigues ahí, resplandeciente como nunca. No me animo a hablarte, porque pareces una sombra que va y viene, no me animo a muchas cosas ya que no tengo ni la mitad de lo que la mujer de tus sueños tiene.


Es tiempo del ocaso sentimental y trataré de olvidarme de ti, mas no sea para calmar el dolor que pesa sobre mi. No quiero que mi sola presencia, directa o indirecta, cause en tí rechazo
alguno.


Pero antes de cruzar el horizonte, te rogaré humildemente que no tires esta carta ni me la devuelvas aunque yo te lo ruegue. Me sentiría mejor si la carta se pudriese en el olvido de tu cajón, mezclada entre tantas otras, a que me lo estampes en mi rostro.Sé que estas cansado, así que me despediré silenciosamente para no despertar tu furia.

La luna y El sol



Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.
Sucede que el mundo aun no existía y el día que Dios decidió crearlo, les dio entonces un toque final... ¡El brillo!

Quedó decidido también que el Sol iluminaría el día y que la Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.

Les invadió una gran tristeza y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, LA Luna fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios, fue tornándose Solitaria.

EL Sol a su vez, había ganado un título de nobleza "Astro Rey", pero eso tampoco le hizo feliz.

Dios, viendo esto, les llamó y les explicó: - No debéis estar tristes, ambos ahora poseéis un brillo propio. Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el día, proporcionaras calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.

La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente... y el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejar abatirse más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.

Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a Él: - Señor, ayuda a la Luna por favor, es más frágil que yo, no soportará la soledad...

Y Dios...en su inmensa bondad... creo entonces las estrellas para hacer compañía a la Luna.

La Luna siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen.

Hoy, ambos viven así... separados, el Sol finge que es feliz, y la Luna no consigue disimular su tristeza.

El Sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de su añoranza. Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió.... porque es mujer, y una mujer tiene fases.

Cuando es feliz, consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es menguante y cuando es menguante ni siquiera es posible apreciar su brillo.

Luna y Sol siguen su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.

Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.
Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del Sol... Fue entonces que Él creó el eclipse.

Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante, esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta, sucedan.

Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el Sol cubre la Luna, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse.

Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.




El sol y la luna Estaban enamorados

Pero de llantos y lágrimas

Estaban empapados


Lloraban por una cosa

Fácil de entender

Nunca se encontraban

Ni se podían ver


Él piensa en la luna

Ella que él es un bombón

Y aunque todos lo nieguen

Se aman con todo el corazón


Por eso el ángel Cupido

Inventó el atardecer

Ellos están muy contentos

Porque al fin se pueden ver

De la espermátide que queria ser un óvulo



Rogelio era una Espermátide al que le gustaba que le llamasen María José. Era Rogelio hijo de una Célula de Sertoli y de un Macrófago Testicular, y ambos progenitores ya notaron, desde que aquél era un simple Espermatocito, que era diferente a sus hermanos. Esto no disgustaba del todo a la Sra. Sertoli, que, por causas de la diosa Biología, sólo podía tener hijos varones. Además, desde que empezó la Guerra, siempre llegaba el doloroso día en que sus hijos adultos debían marchar a la batalla, para jamás regresar.


Fue entonces, siendo apenas una Espermátide, cuando Rogelio se dio cuenta de que no participaba de las mismas aficiones que sus hermanos y primos. No se divertía con esas absurdas carreras de velocidad y resistencia en las que todos se volvían frenéticos, ni tampoco se atusaba ni arreglaba su cola como los demás (y eso que él la tenía considerablemente más larga que la mayoría). A Rogelio le gustaba más bien llevarla recogida con un pasador. Pero tuvo que pasar un tiempo hasta que cayó en la cuenta del porqué. Fue un día en que sorprendió a uno de sus hermanos mayores mirando una revista mientras se frotaba la cola. Rogelio no supo por qué lo hacía, pero al verle sintió un extraño escalofrío que en aquel momento no supo explicarse. Le fue fácil encontrar posteriormente esta revista decuidadamente escondida debajo del tejido conjuntivo (un número atrasado de la revista Play-Cell), para descubrir en ella la explicación a todas sus sensaciones. Fue en la página central, dedicada al “Óvulo del Mes”, donde todo se aclaró. Viendo esa enorme forma redondeada con ese gran núcleo central, hacia la que se dirigían prestos una decena de Espermatozoides, se dio cuenta de que él no era uno de esos cerdos machistas y asquerosos: él era el Óvulo.


Desde aquel día, Rogelio insistió a todo el mundo en que le llamase María José (así se llamaba esa actriz que le abrió los ojos) e intentó engordar infructuosamente, pues el cuerpo de una Espermátide no está diseñado para acumular lípidos. Por supuesto que, en un mundo tan conservador y retrógrado como es un Testículo, Rogelio se convirtió en seguida en el hazmerreír de todos los espermatozoides y en el escándalo de los Fibroblastos. Pero a Rogelio le daban igual las burlas. No así a su padre, que no podía ir a trabajar sin recibir algún comentario jocoso de sus compañeros. Un día, estando fagocitando a un pobre Lactobacillus (que juró hasta el momento mismo de su muerte que era saprófito y que se había extravasado por error), Romerales le comentó, para el destornillamiento general: “pues igual con tu hijo Rogelio logramos la autofecundación...”. Llegó Don Macrófago a casa con el aparato de Golgi colgando y con dos mitocondrias de menos. La Sra. Sertoli creyó horrorizada que se había producido una infección, pero Don Macrófago se lo explicó todo. “Tendrías que haber visto como ha quedado él, parecía un neurona”.


Llamó enseguida a Rogelio y le dejó las cosas claras. “Mira, Rogelio, basta de mariconadas, tú eres una Espermátide y cuando crezcas llegará el día en que tengas que marchar a fecundar un Óvulo o a morir como un Espermatozoide”. A Rogelio ambas posibilidades, pero en especial la primera, le resultaron muy desagradables. Al “Pero papá, voy a hacer la objeción de conciencia” le siguió un enorme sopapo de los de antes, de cuando el Período Embrionario.Rogelio corrió entre lágrimas con su madre, que lo acarició para calmarlo. “Eso, tu amaricónalo más”, gritó Don Macrófago.

-No hagas caso a tu padre, hay cosas que un macrófago no puede comprender, hijo.

“Ni un macrófago ni una espermátide”, pensó Rogelio.

Pasó el tiempo y Rogelio se convirtió en un espermatozoide adulto. Su padre había muerto en un ataque de Sífilis, y la Sra. Sertoli estaba ya en proceso degenerativo, por lo cual se sentía muy solo. La mayoría de sus hermanos y primos había marchado ya a la Guerra, la cual le seguía resultando absurda a Rogelio. El Sistema Nervioso Central le había denegado la objeción, y le dieron una prórroga para alistarse o sería autolisado.


Cuando ya se aproximaba el plazo a su expiración, Rogelio empezó a sentir que enfermaba. La ansiedad lo consumía, y decidió desertar. Una noche, cuando todo el cuerpo estaba hipofuncional, salió por el epidídimo y al llegar a la uretra subió sigiliosamente hacia la vejiga. Se lanzó a la orina, recorrió el órgano buceando y a través de un uréter alcanzó un riñón. Pero al ir a saltar a un vaso sanguíneo, fue avistado por una patrulla de Linfocitos T que dieron la alarma. Y, pese a su audacia, fue rodeado a la altura del ventrículo derecho del corazón, donde tomó por rehén a un trombocito circulante.


Tras horas de negociaciones soltó al aterrado Trombocito, y cuando medio Sistema Inmune se aprestaba para asaltar el ventrículo, se escuchó desde el epitelio de los pies hasta la sustancia gris del cerebro (se dice que todavía hoy resuena el eco en los senos craneales) un “¡¡Me llamo María José!!” seguido de un desgarrador grito de dolor. Cuando los leucocitos entraron, encontraron a Rogelio con un pie en la otra vida, mascuyando “Ma...riajosé...” mientras perdía el plasma celular por donde otrora se insertara su cola, que ahora descansaba inerte a su lado, como metáfora de la intolerancia celular.

Del amor imposible entre un joven macrófago y una hermosa bacteria




Era Isolda una Bacteria recién llegada a la juventud que habitaba en una infección crónica en las glándulas perianales (que, contra lo que pueda parecer, es un hogar bucólico para un gérmen). Isolda pertenecía a la muy antigua especie de los Corynebacterium piogenes, y descendía por línea mitótica directa de los primeros miembros de dicha familia. Su vida se limitaba a fagocitar jugosas estructuras celulares y a nadar por la sustancia fundamental amorfa. Su institutriz, una Mycospora (es costumbre entre los Corynebacterium tener Mycosporas entre su servicio), le había rogado una y mil veces que no se acercase al muro de fibrina que les separaba de resto del organismo. Pero un día en que la tutora se hallaba ensimismada, con un trozo de endotelio entre sus manos que le había regalado un "Staphilo" -fieros mercenarios los Staphilococos- antes de marchar a guerrear a una zona aguda, Isolda se aventuró a nadar cerca del Muro.


Precisamente en la parte opuesta de esa zona de la frontera montaba guardia un apuesto e inexperto Macrófago, que al divisarla sintió su membrana tremolar. Nunca antes habia visto una Bacteria (acaba de salir de la Médula Ósea, como quien dice) y jamás las imaginó así. En sus sueños de imberbe cadete-monocito se le aparecían como peludos y amorfos seres que todo lo fagocitaban. Pero eso que flotaba próximo a él, con su sensual movimiento ameboide, era lo más hermoso que Leucocito alguno viera. Calisto, que así se llamaba el soldado, durante sus años de Academia en la Médula Ósea del fémur, había tenido numerosas amantes: Plaquetas, Neuronas, ... Estando en su primer destino en el Hígado, vivió una sórdida relación con una Célula de Kupffer que, al ser abandonada por Calisto, que se hallaba al borde de un juicio de guerra por sus continuas faltas que sus compañeros ya no eran capaces de ocultar, se quitó la vida liberando sus propios lisosomas. Pero todas esas Células habían sido meras relaciones pelvacuas. Aquello que contemplaba en ese momento aplastaba cualquier otra creencia de haber estado enamorado.


De repente, Isolda también lo vio, y, por apenas unos segundos, sus miradas se entrelazaron cual mielina al axón. Rápidamente, Isolda tapó su desnudez y, tras mirar otra vez a tan apuesto ser, huyó rápidamente. Calisto, inconscientemente, le tendió un pseudópodo, y en ese momento sintió algo sobre su membrana externa que lo devolvió a la vida. Se trataba del cambio de guardia, su compañero de armas Ernesto.

-¿Has visto algo, Calisto?

-No... Sin... Sin novedad en el frente...

Estás pálido, amigo. Necesitas descansar.

Calisto, por supuesto, no pudo conciliar el sueño. Tendido boca arriba sobre su camastro de tejido conjuntivo, Isolda bailaba para él le danza del Golgi. Ansiaba el momento de volver al puesto, y hasta que llegó su turno se retorció en un sinvivir. Ya en él, escrutó el horizonte buscando a la que desde aquél encuentro era su única razón para existir. Pero la quietud era absoluta.Pasó el tiempo. Calisto empezó a perder peso. No fagocitaba, y tampoco lograba descansar apenas. Ernesto lo contemplaba preocupado.

-¿Qué te sucede, compañero?

-¿Recuerdas hace unos días, al relevarme en la guardia? Pues vi algo increíble.-¡¿Divisaste al enemigo?!

-¿Enemigo? ¿Puede ser alguien enemigo de ser tan hermoso? ¿Puede un ser tan hermoso tener acaso enemigos?

-¿De qué me estás hablando, Calisto? ¿Viste o no Bacterias?-Sí, amigo. Pero no era como las imaginábamos cuando estudiamos en la Médula. Su membrana resultaba suave cual endotelio vascular, su balanceo al nadar hacía brusco al de un Eritrocito... Desde aquél día vivo para ella, y se que ella también estará pensando en mí.

-Por Dios, Calisto, ¿qué locuras dices? ¡Hablas de un Germen! Si el Sistema Nervioso se enterase, te enfrentarías a un pelotón de lisis por traición. ¿O acaso no conoces la historia del Espermatozoide que intentó huir de su absoluto poder?

-¿Lisis, dices? Al menos dejaría de consumirme la impaciencia por poseerla.


Isolda, por su incursión hacia el Muro, se hallaba castigada en casa de su tío. Sus padres fueron fagocitados en un cobarde ataque sorpresa de Neutrófilos, y desde entonces vivía con aquél. Su institutriz le había relatado de niña terribles historias en las que los Leucocitos tomaban horribles parecidos y eran temiblemente despiadados. Si esas historias que ella había creído ciertas no lo eran... ¿por qué luchaban? ¿Cómo ser tan perfecto podía estar al otro lado del muro? ¿Por qué debía desear su muerte?

-¡Juliana!- llamó a su institutriz.

-¿Qué quieres, cielo?

-Las historias que me contabas en mi infancia eran meros cuentos de niños, ¿no es cierto?

-¿Por qué me preguntas eso, hija mía?

-¿Por qué debemos estar siempre en guerra? ¿Acaso no es posible vivir en paz con los habitantes del otro lado del Muro?

- un tono lánguido emanaba de las palabras de Isolda.

-No se pueden tener respuestas para todo, amor. La Evolución nos ha dado este papel de elegir a los Seres más resistentes. Y hay que aceptarlo.

-¡¡Yo no quiero aceptarlo!! ¡Le amo! ¿Es que no lo ves?

-¿De qué me estás hablando, por Dios? ¿Acaso viste algo en tu escapada?

-Vi el ser más bello que jamás viera Bacteria. Era un joven soldado enemigo, apuesto como pocos.

-¿Y te vio él a ti, loca?

-Sí, me vio, y por un momento nos supimos el uno para el otro...

-Dios Santo, estás viva de milagro... Si hubiese podido te hubiera quitado la vida. No le cuentes nada de esto a tu tío, por lo que más quieras.

-¿Quitarme la vida, dices? En verdad que lo hizo...


A Calisto lo sacó de su aturdimiento el toque de la corneta. Una vez en la formación, un viejo Mieloblasto de tres estrellas se dirigió a ellos:

-¡Soldados! ¡Hijos todos de una misma Célula Madre Pluripotencial! ¡La gran ofensiva que tanto esperábamos ya está aquí! ¡Todos los axones mandan la misma orden desde el SNC! ¡Muchos de vosotros no volveréis, pero sabed que habréis derramado vuestro plasma por el Cuerpo, y que no habrá sido en vano! ¡Demostrémoles a la Evolución que somos resistentes como el que más! ¡¡¡A vencer o a morir!!!- y un estruendoso clamor salió de las formaciones.


Pero Calisto no estaba tan seguro de querer morir sin haberse reunido con ella. Casi arrastrado por Ernesto, avanzaron hasta llegar al Muro. Y, a la señal de las cornetas, miles de jóvenes se lanzaron a una muerte casi segura, pues lo que el Mieloblasto no les había dicho era que ellos conformaban prácticamente la última línea de defensa, debido a la general inmunosupresión del Cuerpo.

Calisto, fuera de sí, luchó aguerridamente. El calor era insoportable, y la humedad calaba hasta el núcleo. A Calisto no le importaba, pues, ahora sí, su único deseo era morir. Tal era su enajenamiento, que su fuerza se multiplicaba, y ninguna Bacteria le podía hacer frente. Fagocitaba por doquier, escupía agentes oxidantes por todos lo poros, y, sin darse cuenta, llegó al mismo núcleo de la infección. Se introdujo entre unas fibras de colágeno, y encontró a una vieja Mycospora, que le suplicó:

-¡Fagocitadme a mí, pero no le hagáis daño a mi niña!

Tras ella, vio acurrucada a Isolda. Entonces volvió en sí. Apartando a la institutriz tomó a su amada entre sus pseudópodos. Obviando la batalla que a su alrededor se libraba crudamente, saltando entre restos celulares y montañas de pus, llegaron hasta el límite de la glándula. Allí se miraron sin mediar palabra, sabiendo ambos que todo llegaba a su fin. Se introdujeron por el conducto y, juntos para siempre, saltaron al vacío.


Carta de renuncia




Por medio de la presente presento mi renuncia irrevocable a ser adulta. He decidido aceptar la responsabilidad de tener 6 años nuevamente.

Quiero abrazar a mis padres todos los días y enjuagar mis lágrimas en sus hombros.

Quiero regresar a los tiempos donde la vida era simple, cuando todo lo que sabía eran colores, tablas de sumar y cuentos de hadas; y eso no me molestaba, porque no sabia que no sabia y no me preocupaba por no saber. Con todo lo que sabia era felíz, porque no sabia las cosas que preocupan y molestan.

Quiero pensar que el mundo es justo; Que todas las personas son honestas y buenas.

Quiero pensar que todo es posible......!

Dime



Dime por favor a donde estas?
en que rincon puedo no verte
donde puedo dormir sin recordarte
y donde recordar sin extrañarte.


Dime por favor donde pueda caminar
sin ver las huellas,
donde puedo correr sin recordarte
y donde descansar mi soledad.


Dime por favor cual es el cielo
que no tiene el calor de tu mirada,
cual es el sol que tiene tan solo luz
y no la sensacion de que me llamas.


Dime por favor cual es el rincon
en el que dejaste tu presencia,
dime por favor cual es el hueco de mi almohada
que no tiene escondidos tus recuerdos,
Dime por favor cual es la noche
en que no vendras a velar mis sueños,
que no puedo vivir por que te extraño
y no puedo morir por que TE AMO.